Los jeans son nuestra prenda más icónica. Y aunque su origen no tuvo nada de glamour, en la historia ha vestido desde mineros, motociclistas, outsiders, estrellas de cine y –de paso- a ustedes, a nosotros y a la mitad de la población mundial.

Ningún personaje influyente, tendría fama –buena y mala, hay que decirlo- sin una historia potente detrás. Aunque en este caso no hablaremos precisamente de una persona, sino que de una prenda absolutamente icónica: los jeans.

¿Es que existe un artículo de vestir más transversal, democrático y halagador que un par de ellos? Las razones podrían ser miles, pero básicamente son cómodos, les quedan bien a todo tipo de cuerpos, son versátiles e increíblemente atemporales.  Sin embargo, esta transversalidad  se la debemos a las últimas décadas, pues sus orígenes se remontan a la fiebre del oro en California, cuando por su grosor y resistencia se usaban estrictamente para labores pesadas, no apto para caballeros (y menos para señoritas).

Y es justamente esa asociación a cierto sector marginado el que llevó a los jeans a ser un símbolo de desobediencia. Terminada la segunda guerra mundial el denim comenzó a ligarse a jóvenes rebeldes e incomprendidos, que salían a la calle en sus motocicletas, con jeans  y poleras blancas (considerada ropa interior en los 50s) e inmortalizados  en películas como “Rebelde sin causa” y en figuras como Elvis Presley, Marlon Brando o James Dean.

Pero, ¿en qué momento las mujeres comenzaron a apoderarse de los jeans y a hacerlos un verdadero símbolo de glamour, atractivo y definitivamente cool? Cuando símbolos de sexualidad y elegancia los hicieron suyos: Marilyn Monroe y Audrey Hepburn, respectivamente, ganándose de paso titulares y declaraciones escandalizadas que dieron por terminada la femineidad.

Ya en los 70’s los jeans eran una prenda común y de la mano del movimiento hippie se vuelven a reinventar, con cortes anchos, acampanados, parches y toda la libertad de uso que le dio la revolución de las flores.

Actualmente no sólo están masivamente en la calle (se dice que cada día el 50% de la población los usa), sino que en las pasarelas más importantes del mundo. Es que su aparente simplicidad entrega todo lo que un diseñador podría imaginar: dicen mucho, pero con muy poco.

Lo describió en una frase el diseñador Yves Saint Laurent: «Tienen expresión, modestia, atractivo, simplicidad… todo lo que espero de mis diseños», lamentándose al mismo tiempo de no haberlos inventado él.

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