¿Qué embrujo tiene esta prenda, que aunque pase el tiempo, siempre tiene nuestro amor sin condiciones?

Anchos, cortos, largos, ajustados, rotos, desteñidos, parchados… ¿Cuántas formas hay de usar los jeans? Sin duda cientos. Para cada gusto, para cada cuerpo y para cada ocasión. ¿Qué nos han hecho, que aunque pase el tiempo siempre queremos (y necesitamos) tener uno nuevo?

Es que esta pieza fundamental de todo closet es al mismo tiempo un artículo simple y complejo. Simple, porque literalmente se puede usar con cualquier cosa. Y complejo, porque crea una conexión emocional con quien la lleva puesta. No solo porque debe ajustar casi perfectamente. Debe ser cómodo, lucir bien y dice mucho de quién lo usa.

Sí. Los jeans parecen tener algo de nuestra propia alma. Si los usamos mucho, adoptan la forma de nuestro cuerpo y se adaptan a nosotros mismos. Y por ello, inconscientemente, cada vez que compramos uno nuevo buscamos algo que se parezca a nuestro par favorito

Y aunque en su origen, esta prenda fue pensada como ropa de trabajo (mira acá nuestro post sobre la historia de los jeans), su evolución ha sido tal que se ha convertido en un básico que además de no saber de clases ni edades, mejora con el tiempo y terminan dejando tus propias marcas.

Alguna vez un famoso diseñador dijo que los jeans elasticados eran uno de los mejores inventos del siglo 20. Sí, nosotros creemos que fue bueno, pero apostamos al sigo 21 y creemos que se viene algo mejor: el Denim Flex®, de Ellus, la única tela, que más que un jean, se siente casi como una prenda deportiva. ¿Cuándo, cómo, dónde? Pronto…

 

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